OPINIÓN: Siete años en el mar

Enrique G de la GJueves, 12 de julio de 2018 13:27

shares
Cultura como es viajar por los mares del mundo

Enrique G de la G cuenta la historia de Theda Acha y su familia, quienes viven sobre un catamarán en los mares del mundo desde hace siete años


La vida en Av. Constituyentes no es vida

Hablar con Theda Acha es como si el sol te hablara: su voz es luz, su risa es calidez, la oyes hablar y sientes que es tan familiar como si siempre hubiera estado ahí. Cuando le llamé, me contestó en Apataki, un atolón en la Polinesia Francesa.


Theda es un fotógrafa llena de vida que tenía un trabajo de 9 a 6 en Avenida Constituyentes como editora de foto. Paco, su pareja, trabajaba como consultor de negocios, no pocas veces hasta en domingo.


Paco creció entre los barcos que surcan las aguas del Mediterráneo. Cuando él le contaba su sueño de hacer un viaje en catamarán por el mundo, ella se reía: ¡pero si nomás piso un barco y me mareo! Ni hablar. Lo veían como algo súper lejano. Pero un día se hartaron: se dieron cuenta de que la vida de escritorio y las horas ante la computadora estaban apagando el sol. Pusieron en renta su depa, vaciaron la alcancía y se pusieron a buscar un barco.


Encontraron un catamarancito nuevo en Francia, lo llamaron “Olé”, lo adaptaron a sus necesidades. Un buen día del año 2011 zarparon desde Sables d'Olonne, en el Atlántico.


como es viajar por los mares del mundo 1

Anclados en Amorgos, abajo de un monasterio, en Grecia. (Foto: Theda Acha)


Por los mares del mundo

Apenas dos veces habían rentado un velerito en el Caribe. Pero más allá de eso, Theda no tenía ni idea de lo que era navegar. Mucho menos hacerlo en altamar.


El plan original era tomarse un año sabático viajando por los mares del mundo. Pero como la meta es el camino, pronto se dieron cuenta de que el mundo es tan amplio, de que hay tantas cosas que ver, que ya no les apeteció volver a México.


Viajaron por el Mediterráneo, luego cruzaron el Atlántico hasta el Caribe, de ahí subieron a Nueva York, y luego se lanzaron hasta el Pacífico Sur.


como es viajar por los mares del mundo 2

(Foto: Theda Acha)


Paco sabe navegar. Theda ha ido aprendiendo. Lo primero fue no marearse y no vomitar. Ya luego llegó el momento de aprender a hacer nudos e izar velas. Hoy, ya es una experta leyendo cartas de navegación, sabe que hay piratas merodeando las aguas de Venezuela y Somalia, y ha sobrevivido a dos tempestades fortísimas.


como es viajar por los mares del mundo 3

Theda, Fran y Paco frente a la costa de Maine. (Foto: Theda Acha)


La vida en barco es mejor

¿La vida en un barco es mejor?, le pregunto a Theda. “¡Sí! Pero si tú eres apegado a las cosas materiales, no es una opción. Si tú estás apegado a salir los fines de semana con tus amigos, siempre con el mismo grupo de gente, esta vida no es para ti”.


En cada lugar al que llegan, conocen gente local, que les abre el mundo: aprenden de todo tipo de personas, de los pescadores de la Costa Este, de los niños en las islas más alejadas de la Polinesia, de los monjes en lo alto de un acantilado en la costa de Grecia. Pero hay que apechugar: tienen el agua racionada, no hay lujos, navegan sin tripulación. No existe la posibilidad de ir a comprar cigarros, de bajarse a tomar un café o de irse de compras.


Pero están de lo más felices. Y Fran, su hijo, que nació durante el viaje y ha crecido en el catamarán, es un espíritu libre: es un niño cosmopolita que ha entendido que el mundo es más amplio que el vecindario.


como es viajar por los mares del mundo 4

Fran en el camino hacia Florida. (Theda Acha)


Las fotos de Theda

Theda ha continuado con su carrera como fotógrafa, pero mientras siga de viaje, publicará poco. Ya llegará el momento, dice, de mostrar ese gran proyecto en el que trabaja desde hace siete años.


A su página web ha subido apenas unos pocos retratos, una selección de su serie Language of the skin: un estudio sobre el tatuaje en la Polinesia, que los misioneros vedaron durante siglos, y que en la década de los ochenta resurgió.


como es viajar por los mares del mundo 5

Cyril, Tihoti y Varii, de la serie Language of the skin. (Foto: Theda Acha)


La libertad mide 6 metros

Como el sol, Theda tampoco tiene prisa. Los tiempos del mar son otros: hacen falta días o semanas para llegar al destino, no unas pocas horas, como cuando se viaja en avión. También los espacios son otros: vivir en el mar significa que debes aprender a convivir 24/7 con tu pareja.


La paradoja de Theda es que, para gozar la libertad de los mares infinitos, debe encerrarse en un catamarán de 39 pies, cuyo interior tan solo mide 6 metros. Pero en esa capsulita que se deja mecer por las olas y llevar el viento, Theda, Paco y Fran gozan de la libertad químicamente pura, esa libertad con la que el resto de nosotros –con nuestros coches, casas, edificios de oficinas y fiestas los fines de semana– tan solo podemos soñar.


como es viajar por los mares del mundo 6

En Hanavave, en las Islas Marquesas. (Foto: Theda Acha)


♦︎ ♦︎ ♦︎


Para leer

Barbara & René Stoeltie

Living in Mexico

Taschen, 419 páginas


Puesto que la vida de Theda y su familia no es para todos, hay que buscar otras ideas. Me encontré con que Taschen acaba de reimprimir su libro clásico Living in Mexico. Es un fotolibro de pequeño formato con las casas y los hoteles donde más se nos antojaría estar en nuestro país. Los autores peinaron la geografía para encontrar un puñado de proyectos que destacan por su arquitectura y buen gusto.


Por tratarse de un clásico, el libro comienza con la Casa Luis Barragán. Y continúa con una capilla del siglo XVI que el coleccionista Sergio Berger convirtió en su casa, con el hotel Condesa DF y con la casa de líneas orgánicas de Paloma y Javier Senosiain. Luego, el libro sale de la capital para pizcar diseños icónicos en Cuernavaca, Acapulco, Costa Careyes, Yelpa, Puerto Vallarta, Atotonilco, Nayarit, Tulum, Cacalchén, Mérida y el Valle de Guadalupe.


como es viajar por los mares del mundo 7

Los autores descubren una casa moderna y minimalista en donde la pieza central es un busto de Lázaro Cárdenas rescatado de la calle, cuentan la historia del italiano que desarrolló Careyes, y de su casa, que parece sacada de Mykonos, y nos muestran una casa que diseñó John Lautner en Acapulco, más propia del modernismo californiano que de Guerrero, y que no me cuesta trabajo imaginar que Julius Shulman habría querido fotografiar.


El resultado es fascinante: la editorial alemana Taschen celebra el diseño mexicano con esta publicación. Este librito es un regalo perfecto, un objeto de colección, que nos abrirá los ojos ante un montón de proyectos habitacionales en México. Y, como ya se sabe, un porcentaje del dinero que se paga al comprarlo va destinado al proyecto ecológico de Sebastião Salgado, el fotógrafo brasileño.


Si no tenemos la posibilidad de viajar por el mundo en catamarán, este libro nos hará enamorarnos más de México y de soñar con recorrerlo y de apreciarlo con ojos nuevos.


Podría interesarte:


OPINIÓN: Hey Google, ¡aguas!

ETIQUETAS: cultura
REFERENCIAS:
Enrique G de la G Enrique G de la G Ghostwriter y editor

Escritor fantasma y columnista cultural. Regio por nacimiento, berlinés por elección. Me muevo en bici y viajo en moto.

COMENTARIOS