El asesinato de la violinista que revivió la historia de El Fantasma de la Ópera

Cultura ColectivaMartes, 2 de enero de 2018 14:33

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En 1990, ocurrió un asesinato dentro del Metropolitan Opera House, en Nueva York, todo parecía indicar una historia de novela, pero la realidad fue menos estética.

Desde niña, Helen Hagnes fue un prodigio del violín. No fue difícil para ella llegar a las orquestas profesionales de su natal Canadá a los 13 años, ni estudiar en los conservatorios de Zurich, Londres y Siena. Aunque era admirada por sus dotes con la música y su belleza física, nunca ocupó los titulares de los periódicos por sus logros, lamentablemente su nombre llegó a las portadas de los diarios por un hecho terrible: su asesinato.


El 24 de julio de 1980, el cuerpo desnudo de Hagnes fue encontrado en la salida del aire acondicionado del Metropolitan Opera House, en Nueva York. El hecho tuvo dos efectos: minimizó el asesinato de la joven de 31 años y, revivió la historia de El Fantasma de la Ópera, obra literaria de Gastón Leroux, que se evocó con las condiciones de ese asesinato y sobre la que se escribieron nuevos episodios en las portadas y noticiarios del momento.


El rumbo de la historia no pudo evitarse, pues los elementos de la comparación estaban ahí, mientras que el misterio y el horror jugaron bien sus papeles.


Hagnes no tenía enemigos y el asesinato ocurrió durante la actuación del Ballet de Berlín en la Ópera. (Fuente:Murderpedia.com)


Helen Hagnes fue contratada por el Ballet de Berlín para tocar durante once noches en Nueva York. En la primera actuación, tras interpretar sus piezas ante 3 mil 400 asistentes, dejó el violín sobre su silla para aprovechar el descanso del medio tiempo y el paréntesis largo que no exigía su presencia. Ella debía regresar para la tocada final, pero no volvió.


Después de la actuación, la buscaron toda la noche, hasta que por fin la Policía la encontró en el interior de uno de los tubos del aire acondicionado. El entonces jefe de detectives de Nueva York aseguró que el asesino debió conocer de 'pe a pa' los pasillos, ascensores y rincones del Met, pues la precisión del acto se había consumado sin sobresaltos y nadie se habría dado cuenta sino por Valery Panov, la estrella del ballet, que tenía una cita para verse entre actos con Hagnes y a la que la violinista no llegó.


El caso avanzó como muchos otros, objetos como una servilleta con semen, un tampón y un prendedor de pelo fueron los primeros hallazgos de la Policía. La profundidad de los niveles bajo el escenario le agregaron dramatismo y ocultación. Después se hizo público otro detalle de la investigación que erizó la piel de los lectores y telespectadores: la víctima había sido arrastrada hasta la azotea del edificio, el sexto piso de la Ópera, para después ser llevada a la parte trasera donde fue arrojada por el conducto del aire ya sin ropa y atada de manos y pies.


A media noche, Hagnes dio su último respiro. Luego se supo que su muerte la produjo un golpe seco en la cabeza, que se presume fue entre el tercer y cuarto piso. Y aunque estaba desnuda, no fue violada.


Craig Crimmins el día de su arresto en 1981. (Fuente: Getty)


¿Pero sin enemigos ni un móvil de violencia sexual, por qué matar a una violinista prodigio? Los resultados de los análisis del semen en la servilleta y con la ayuda de un retrato que dio una bailarina de ballet que vio a Hagnes con un tipo el día de su muerte, se llegó a la conclusión de que buscaban a un tipo blanco entre los 25 y 35 años, un perfil difícil de acotar. Al final se interrogó a 2 mil 600 hombres sin mucho éxito.


El caso menguó en los kioscos de periódicos hasta septiembre de ese mismo año, cuando un maquinista del Metropolitan fue detenido e inculpado del asesinato al no poder justificar qué hacía en el momento del crimen.


Su nombre era Craig Crimmins, tenía 21 años y era empleado del Met desde los 17 años. Ahí se disolvieron las especulaciones literarias, pues se descubrió que el asesinato cometido nada tenía que ver con la historia gótica de Gastón Leroux (1910), no hubo un ser lleno de misterio enamorado que aterrorizó para atraer la atención de su amada, sino el de un imbécil machito incapaz de controlar su alcoholismo, que al intentar violar a una mujer y no conseguirlo, mató para que no se supiera su falta de escrúpulos (¿hombría?) y su exceso de torpeza.


Crimmins fue condenado a un mínimo de 22 años de prisión. Desde el año 2000 ha pedido libertad condicional pero hasta hoy le ha sido negada.


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