OPINIÓN: Hey Google, ¡aguas!

Cultura ColectivaViernes, 18 de mayo de 2018 14:55

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Hace unos días, Google Duplex nos entusiasmó a todos cuando llamó a una peluquería para reservar una cita, sin que la peluquera sospechara que estaba hablando con un robot. ¿Debemos preocuparnos?


¡ÓRALE! ¿Y ESO? / ENRIQUE G DE LA G


Después de Cambridge Analytica

Cambridge Analytica fue un puñetazo en el abdomen que nos sacó el aire. Se nos mostró que las máquinas –en manos de ricos y demagogos– pueden manipularnos a nivel político y alterar el rumbo de los países.


Pero el problema no es Facebook. O no nada más. Ni principalmente.


Google es más grande y poderoso. No conozco a ningún usuario de Facebook que evite Google, pero sí a muchos usuarios de Google que detestan Facebook. (Y sólo conozco a un experto que ni “guglea” ni “feisbuquea”).


Google almacena cada una de las palabras que buscas y cada uno de los lugares donde estás, ha fotografiado cada una de las calles del planeta, te vende productos que puedes ver y tocar, como computadoras de bajo costo y celulares, y hasta te regala cursos y certificaciones.


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El caso "Cambridge Analytyca" sacudió al mundo y nos mostró cómo las máquinas pueden apoderarse de nosotros.

(Foto: The Intercept)


Google es lo máximo

Google es lo más parecido al aire de la Ciudad de México: lo necesitas para vivir, pero es tan sucio que el día menos pensado te va a pasar una factura de horror.


La semana pasada vimos a un robot de Google haciendo reservaciones por teléfono en una peluquería y en un restaurante. Este logro es comparable a Otto Lilienthal: el primer humano que voló suspendido por las alas de un parapente. ¡Toda la humanidad había soñado con volar! Gracias a él, hoy volamos todos. Google está a ese nivel de revolucionario.


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Google es nuestra representación de una relación amor-odio. (Foto: Forbes México)


Inteligencia artificial

La inteligencia artificial va a cobrar alas y va a volar a alturas que ni los fundadores de Google han imaginado. Seremos la primera generación de la humanidad en presenciar no una, sino dos revoluciones: el Internet y la inteligencia artificial.


¡Pero la revolución de la inteligencia artificial ya está aquí! Aunque apenas está montada en un parapentito nivel Otto Lilienthal, nuestros robots ya pueden llamarle al peluquero, ver las células del cuerpo humano desde dentro, manejar coches y recoger piedras en Marte. Da vértigo pensar qué pasará cuando la inteligencia artificial se suba a un cohete de Elon Musk...


Hace cien años, los autores de ciencia ficción se imaginaban que los robots nos iban a aplastar hasta matarnos. Terminator fue el último robot desquiciado de su generación.


Fast forward a marzo de 2018: una señora va caminando por la banqueta con su bici en Arizona cuando un coche autónomo de Uber la atropella. Y la mata. Esta fue la primera muerte causada por un vehículo 100 % autónomo. Fue también –y lamentablemente– una muerte histórica: el robot ya no mata en las historias de ciencia ficción sino en el mundo real.


Aunque haya sido un accidente, la pregunta hoy ya no es si los robots nos matarán por decisión propia, sino cuándo.


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¿Cuándo será que los robots nos maten por decisión propia? (Foto: UDG TV)


Hey, Google: ¡aguas!

Durante la presentación de Sundar Pichai –el CEO de Google– la semana pasada, el auditorio estalló en aplausos cuando el robot murmuró un simpatiquísimo “Ajá”. Ese detalle lo revistió de un toque humano. Más aún, Pichai presumió que la chica de la peluquería ni cuenta se dio de que habló con un robot.


¡Cuidado! De inmediato hubo críticas en la blogósfera y se pidió que, desde ya, los robots se identifiquen y que no se hagan pasar por humanos. En un post oficial, los ingenieros de Google dicen que fue sólo un demo, que seguirán trabajando y se prometió transparencia.


La experta en tecnología Zeynep Tufekci ha dicho en distintas ocasiones que vamos camino a una distopía por la sencilla razón de que los técnicos que están programando saben cómo hacerlo pero luego no saben por qué las máquinas toman ciertas decisiones: «¡Funciona! Pero no sé bien por qué».


La inteligencia artificial es un asunto demasiado serio como para que se lo dejemos a los técnicos y no nos involucremos –todos, como sociedad– en su conceptualización, como ha apuntado Max Tegmark.


¿Seremos capaces de diseñar una inteligencia artificial que nos ayude a descubrir nuevas formas de vida, a prevenir enfermedades hoy incurables y a facilitarnos la vida diaria sin que nos haga daño? Como la democracia, la ecología y el internet, esto ya también es tarea de cada uno de nosotros. Si no nos comprometemos, la factura será realmente horrorosa.


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Para leer


Juan Domingo Argüelles

Las malas lenguas

Barbarismos, desbarres, palabros, redundancias, sinsentidos y demás barrabasadas

Editorial Océano, 2018

616 páginas


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Juan Domingo Argüelles (Chetumal, 1958) publica otro libro en una línea que ya le es característica: el uso correcto de ciertos vocablos y expresiones.


¿Se dice “muso” o sólo es correcto decir “musa”, hoy que queremos se abusa del así llamado lenguaje de inclusión? ¿Se escribe innovar o inovar? ¿De dónde salió eso del lábaro patrio? ¿Por qué es incorrecto decir “en base a”, aunque todo mundo diga así?


El autor, además, se dio a la tarea de guglear (vocablo que no registra) cada uno de los vocablos que discute, con lo que en ocasiones muestra que la versión errónea se ha extendido peligrosamente: «Hoy internet, que tanto ha contribuido a echar a perder la lengua, también nos puede ayudar a ver cuán desastroso es el panorama del mal uso del idioma, un mal uso que, por cierto, es consecuencia de la gran pereza intelectual y cultural con la que proceden muchos internautas».


Pero Argüelles no es un viejito conservador que quiere que las cosas sean igual a como han sido siempre. También le molesta la hipercorrección culta, como de quien dice «un vaso con agua», bajo el argumento de que el vaso no está hecho “de” agua sino que el vaso tiene agua, pero no ve que el vaso está lleno “de” agua. Simplemente estudia los errores –barbarismos, desbarres y barrabasadas– para entenderlos y corregirlos.


Este divertido manual está salpicado con buen humor y ejemplos extraídos, sobre todo, de los medios de comunicación. Es una obra de consulta que nos va a evitar muchos tropezones y dudas a los que estamos expuestos por el mal uso del español que prolifera en los chats y el Internet.


Enrique G de la G

Contacto: [email protected]


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