Editors' Choices
Política
Mundo
Videos
Qatar

CINE

La sequía creativa de Hollywood

Por: 5 de agosto de 2015


¡Ay, Hollywood! ¿Qué quieres que te diga? Me tienes decepcionada. Siempre es lo mismo contigo y lo digo en todo el sentido de la palabra: siempre es lo mismo.

De unos años a acá no se estrenan en carteleras más que refritos de refritos o secuelas de secuelas. ¿No me creen? La película de terror que se anuncia en cada esquina de la ciudad, Poltergeist, fue un éxito de los años ochenta producida por Steven Spielberg, éste que hoy se anuncia es un remake. Así como muchísimos otros. ¿Y qué decir de las secuelas? Si una película tiene éxito hay que hacerle mil y un continuaciones. La cartelera lo dice: es ya le tercera película en la que salen los minions, la quinta vez que las máquinas combaten contra los humanos en Terminator y la cuarta vez en la que el parque de dinosaurios aparece para encantar y aterrorizar a su público. Pitch Perfect 2, Avengers: Age of Ultron, Taken 3, Fast and Furious 7, la cuarta entrega de Mad Max, un reboot de los cuatro fantásticos, una secuela para Ted. ¡Otro Spiderman a sólo tres años del último reboot!


Es entonces cuando, parada delante de esa cartelera carente de creatividad y de novedades, dejo caer los hombros rendida, decepcionada. ¿Qué está pasando? Parece que esa industria, la más poderosa del séptimo arte, se ha conformado con el mero hecho de entretener para vender y ha olvidado lo que significa escribir utilizando como bolígrafo una cámara.



¿Será que Hollywood carece de creatividad o que el público en general ya no exige cosas que valgan la pena? ¿De quién es la culpa?

Cuando de cine se trata, por más que nos hayan fascinado los realizadores de la nueva ola francesa, del neo-realismo italiano, el expresionismo alemán o la escuela soviética, por más que nos encanten las películas de la época de oro nacional, o… lo que sea, siempre serán más las películas norteamericanas que veamos. Están en todos lados y al alcance de todos. Por una película mexicana exhibiéndose en la cartelera de un cine comercial, habrán diez anglosajonas. Parece no haber escape. Y es que Estados Unidos cuentan con la industria cinematográfica más grande del mundo entero, esto en términos de ganancias y de producción, seguido por la India.

Desde 1920, el cine norteamericano ha lucrado más que cualquier otra industria cinematográfica. Fue a partir de esta década que la industria hizo de Hollywood, Los Angeles, su casa. ¡Vamos, que cosas buenas se han hecho y muchas! No podemos olvidar que ahí fue donde D.W. Griffith desarrolló el lenguaje cinematográfico, o donde Orson Welles revolucionó el cine por completo al llevar a cabo Citizen Kane, el (según muchos críticos) mejor filme de todos los tiempos. ¿Cómo olvidarnos de Gone with the wind de 1939? ¿O la revolución cultural que se formó en torno a Star Wars? ¿O el Titanic?



Desgraciadamente, y a pesar de todas las producciones tan preciadas que nos ha ofrecido esta industria, Hollywood, hoy por hoy parece estar siguiendo el más nimio de los caminos: el del dólar. ¿Dónde queda, entonces, la integridad artística? Cada película, en lugar de buscar transmitir algo relevante, en vez de ser una crítica, de proveernos cavilación o de tener un mensaje claro, se nos presenta como un mero producto que veremos después en los empaques de las cajitas felices de McDonald’s, en juguetes, y en fin, cualquier objeto vendible. No hay límites.



Bueno sería que el problema se quedara empacado como un muñeco de acción de los Avengers. Los que están detrás de este fenómeno universal lo tienen muy claro: el impacto en la sociedad mundial que tiene el lente de Hollywood es inconmensurable. Es más, alguna vez dijo el novelista italiano Umberto Eco, que el 70 por ciento de nuestro conocimiento viene de lo que vemos en las películas estadounidense. ¿Qué tal? Y ellos, teniendo muy en cuenta el impacto social y cultural que tienen sus productos, saben bien cuál es la información que deben proporcionarle al mundo entero. ¿Quiénes tienen que ser los buenos y quienes los malos? ¿Cómo debe ser la vida que queremos? ¿En qué creer y en qué no? ¡Ahh, y qué decir de los estereotipos! ¿Por qué creen que todo el mundo piensa que en México no hay más que desierto, droga, sombreros y tequila?


Hoy, Hollywood con sus moldes ya construidos y con las historias que ya nos sabemos de memoria, pero que les encanta rehacer y rehacer, vende como nunca antes lo había hecho y, además, marca nuestra cultura y sociedad a su ton y son, según sus intereses políticos y económicos. No más creatividad, introspección, no más historias que desafíen a su público mentalmente: siempre es mejor para las grandes industrias que el público piense lo menos posible.



“Hay una gran confusión entre publicidad y crítica.” Nos explica Mario Vargas Llosa. La publicidad se ha convertido en el crítico número uno de cualquier ciudadano. Pero hay que aprender a no confundir: la publicidad busca vender, la crítica busca desplegar el valor social y cultural de un producto artístico. Por ende, si lo vemos un millón de veces anunciado, no quiere decir que el producto sea bueno. Pensemos en la, ya mencionada, nueva versión de Poltergeist. Ya perdí la cuenta de cuántos espectaculares he visto a lo largo y ancho de Ciudad de México. Y a pesar de estar anunciada por todos lados, la crítica nos lo dice muy claro: no se compara ni con el resultado, ni con el éxito del filme original. “La publicidad tiene intereses muy fuertes que trabajan en función de ciertos objetivos que no tienen nada que ver con la creatividad o con el arte.” ¿Será que el arte se ha reducido a un mero producto comercializable?



Pero, ya intentando enfocarnos en esa luz chiquita y brillante que aparece en esta habitación oscura, encontramos a uno que otro cineasta Hollywoodense que digo y reitero: ¡Mis respetos! Porque hay esperanza incluso en los senderos más desolados, todo es cuestión de saber buscar. Comencemos recomendando lo más reciente de los veteranos: Scorsese con Wolf of Wall Street, Shutter Island o Hugo; Polanski con Carnage y Los hermanos Coen con Inside Llewyn Davis.



¡Hay más! ¿Qué decir de los juegos mentales que nos muestra Christopher Nolan? ¿Del tan inteligente humor negro de Tarantino? El absurdo tan estético de Wes Anderson. Los personajes de David O. Russell. O las impresionantes producciones de nuestros paisanos, Alejandro G. Iñarritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro.

https://img.culturacolectiva.com/content/2015/08/Tarantino.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2015/08/wes-anderson.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2015/08/Alfonso-Cuaron.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2015/08/Guillermo-del-Toro.jpg https://img.culturacolectiva.com/content/2015/08/inarritu.jpg

El que Hollywood se encuentre en una verdadera crisis creativa no quiere decir que el cine de calidad no exista. Está por ahí, escondido esperando a que salgamos de las fronteras de nuestra comodidad e intermitencia para adentrarnos en lo desconocido. Veámoslo como una aventura. Hay que dejar de decidir si ver o no una película por los actores que aparezcan y pensar un poquito más en quiénes son los guionistas o directores, en cuál es el propósito de la película y si en realidad vale la pena verla. Nos comportamos como si Hollywood fuese la única industria cinematográfica en el mundo: ¡Hay tanto por conocer del séptimo arte! ¿Por qué enfrascarnos? Prestémosle atención al cine nacional e internacional, a los festivales que se hacen alrededor del mundo, encontraremos verdaderas joyas de la cinematografía. Y caigamos, de una vez por todas, en la cuenta de que la falta de esfuerzo creativo por parte de Hollywood no es más que el reflejo de una sociedad poco crítica, conformista, poco demandante, a la que pensar es lo último que le interesa.



Recomendados: Enlaces promovidos por Taboola: