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CINE

La historia de la mujer que se enamoró de su secuestrador y murió cuando él la abandonó



Cuando a un hombre le gusta una mujer, hará todo lo posible para llamar su atención, seducirla y hechizarla para que le "obedezca". Si la historia es romántica, buscará su amor y le ofrecerá todo su respeto a cambio. Si, en cambio, sólo quiere utilizarla (porque hay que aceptarlo, a veces sólo hay tiempo para una noche), la llevará a su departamento, la meterá a la cama y obtendrá todo el placer que soñó.

En pocas palabras, ese es el argumento de la película "Stockholm" (2013), del director español Rodrigo Sorogoyen, la cual permite hacer un análisis sobre las relaciones de pareja y los trastornos mentales de las personas a partir del relato de una pareja casual y en apariencia normal. La cinta inicia en una fiesta cualquiera en una ciudad cualquiera. Un chico ve a una linda mujer, le gusta, la desea, se acerca a ella y le dice: "Estoy enamorado de ti". ¿Les suena conocida esta historia?

"La persona que sufre es la que termina amando la mano que la golpeó, a la persona que la humilla constantemente y le infringe daño".


La sucesión de hechos es la siguiente: ella, al no saber nada sobre él, lo rechaza. El chico insiste, le dice que es muy hermosa y que quiere conocerla a "fondo". Ella duda y se aparta un poco. Ante su insistencia, se va. Él la alcanza en la calle y le sigue diciendo que es muy hermosa, que le gustaría ser parte de su vida. Por fin, ella acepta. Comienzan a caminar por las calles de madrugada, dando inicio a la parte romántica del filme.



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A partir de este momento la tensión se elimina y queda una travesía romántica por delante. Comienzan a hablar de todo y nada al mismo tiempo, así como lo hacen los enamorados cuando se coquetean. Hablando sobre cuestiones técnicas creativas, Sorogoyen explota al máximo los espacios abiertos y las luces de la ciudad. Se puede notar que cada toma fue muy cuidada y pensada. El recorrido de la noche se vuelve un poema visual que termina cuando ella le dice que acepta ir a su departamento, encantada por su dulce y tierna insistencia, su delicado trato y su caballeroso comportamiento.



Hasta este momento del coqueteo no hubo espacio para un contacto físico. Los dos están deseosos por encontrarse el uno con el otro, así que se apresuran a llegar al departamento. Cuando por fin llegan al edificio, se dan el primer beso en una secuencia sumamente romántica que todos los enamorados querrán emular. Entrando al piso del chico la parte de amor se acaba y da paso a algo más siniestro.

Al entrar al lugar la magia se acaba. Se sientan en una sombría sala. Él comienza a comportarse más frío y distante. Se podría decir incluso que se vuelve agresivo. Intercambian algunas palabras y se notan las ansias de tener sexo. Ella lo siente y trata de evadirlo un poco, pero ya está ahí, metida en el departamento de un hombre que acaba de conocer y que no conoce. Su cara es de lamento, sabe que fue un error dejarse seducir por palabras bonitas.



El único diálogo trascendente que intercambian es una breve información sobre el pasado de ella. Dice algo sobre una enfermedad y un tratamiento, pero el discurso es callado para pasar al cuarto del chico. El gran momento de la noche llegó, aunque a la chica ya no se le ve tan convencida. El encuentro sexual nunca se ve. Un par de caricias a cuadro y un difuminado a negros marcan la consumación del acto.

Antes de continuar hay que explicar un concepto que hasta el momento se había olvidado. La cinta se llama "Stockholm" (Estocolmo), algo nada fortuito. Su nombre no designa un lugar geográfico, sino un trastorno mental. El síndrome de Estocolmo es una desviación psicológica que se crea cuando la víctima de un secuestro o alguna otra situación de sometimiento y vejación crea una dependencia o amor hacia el ser que la está reprimiendo.

Por extraño que suene, la persona que sufre es la que termina amando la mano que la golpeó, a la persona que la humilla constantemente y le infringe daño. Esto fue lo que sucedió en la cinta. Cuando amanece, cuando por fin ella pasó la noche con él, el chico se muestra totalmente desinteresado en la chica. Con los primeros rayos del sol, el nuevo don Juan le pide a la dama que se vaya pues tienen muchas cosas por hacer y ella sólo es un estorbo.

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Si la noche pasada la chica terminó lamentando estar ahí con él, tras recibir la petición de que se vaya, el efecto Estocolmo se crea. Ella demuestra que tienen una necesidad de estar con él. Mientras más le dice "vete", la negación y necedad aumentan y el juego desquiciado comienza. El chico comienza a irritarse, él sólo quería llevarla a su cama y botarla al día siguiente como lo ha hecho con otras mujeres.

Pero ella es diferente. El sentimiento de desprecio y humillación es el mismo, porque inevitablemente sabe que fue víctima de una ilusión romántica, pero la chica no quiere irse. Quiere quedarse aunque eso implique desquiciar al chico, quien, conforme van pasando los minutos y nota que no va a librarse de su compañía, comienza a irritarse y a desesperarse. Las escenas siguientes son una sombría y espantosa lucha entre dos seres que una noche atrás estaban siendo presas del amor.

"Su cara es de lamento, sabe que fue un error dejarse seducir por palabras bonitas".


Rodrigo Sorogoyen es un genio al concebir y transformar un bello y romántico paisaje en un cuadro hostil lleno de ansiedades y muchos cuartos oscuros. La historia de este par de jóvenes se puede proyectar en todas las direcciones amorosas. Tiene el cortejo y la insistencia del primer encuentro. Desarrolla el reconocimiento de dos seres que posteriormente sentirán atracción el uno por el otro. Mostrará el punto más alto del amor como preámbulo de la destrucción. Todos estos pasos se recrean en una sola noche.



La verdadera reflexión se encuentra en la parte final. Rodrigo Sorogoyen trabaja con la fijación que tienen las personas en el amor. No importa que un hombre maltrate a una mujer, que se convierta en su secuestrador; ella, de manera inconsciente, lo acepta y lo necesita. De sentir amor pasa a padecer el síndrome de Estocolmo. La película sirve como un gran espejo que refleja la locura que padecemos por el amor. ¿Enamorarnos y necesitar a la persona que nos está destruyendo? El director responde sí y nos muestra cómo nos vemos.


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Es posible que el extremo y trágico final que propone Sorogoyen en su película es un recurso agresivo para darle un cierre dramático a su producto, pero también puede ser una alegoría de lo que las personas hacen cuando se envician en una relación insana y destructiva, por eso  "Stockholm" debe ser vista por todo el mundo. Después de ver la cinta puedes seguir reflexionando con 10 hábitos en pareja para mejorar tu relación y 12 cosas peores que una infidelidad que podrían convertir tu relación en un infierno.









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