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CINE

La diferencia entre un esclavo que lucha por su libertad y uno que desea ser blanco




¿Cuánto es suficiente para perder la dignidad y hundirse en lo más profundo de la miseria humana, para después emerger con furia y rebelarse ante la injusticia?


La gran historia de cómo los Estados Unidos crecieron hacia el oeste y el sur, expandiendo su territorio entre interminables planicies, bosques rebosantes de vida y recursos naturales, un río caudaloso que corta una de las regiones más ricas del planeta de norte a sur, pantanos y un desierto inclemente que se rinde ante la Sierra Nevada, es también la historia de cómo se forjó una nación a sangre y fuego, a golpes de exterminio y revueltas populares sofocadas en un entramado que esconde un pasado de dominación racial que la historia oficial reniega y da por superado y sin embargo, está más vivo que nunca.



La cuestión racial es un tema sensible que se ha llevado al cine con frecuencia en la última década, ambientada en distintos contextos históricos y geográficos. "Django Unchained" (2012), de Quentin Tarantino, y "12 Years A Slave" (2013), dirigida por Steve McQueen, aparecen como dos cintas diametralmente opuestas; sin embargo, tocan el mismo tema y coinciden en la época histórica. Ambas se desarrollan a mitad del siglo XIX, las dos tienen como protagonista a un esclavo negro en busca de su libertad y respetando la distancia entre el estilo cinematográfico de sendos realizadores, suponen formas distintas de comprender temas tan importantes como la libertad, el racismo y el clasismo, no solamente en la etapa previa a la Guerra de Secesión o la Norteamérica del pasado, sino en la concepción de la sociedad contemporánea. La naturaleza de este artículo obliga a que de este punto en adelante, se revelen a grandes rasgos los nudos y desenlaces de ambas tramas (spoilers).



El personaje de Django es tomado como un esclavo negro, comprado por el dentista y cazarrecompensas Schultz, quien en primer término se vale de él para cumplir con sus objetivos, mientras Solomon Northup, un músico y hombre libre que vive en el norte del país es raptado para ser vendido a un plantío en Nueva Orleans. Rápidamente la historia coloca a ambos como víctimas de sus esclavistas, pero en el fondo, el desarrollo de la trama no depende del carácter de sus poseedores, sino de las aspiraciones y la mentalidad de cada esclavo. Ambos dueños los utilizan con un fin monetario (mientras Django llega a un acuerdo con Shultz para conseguir su libertad después de colaborar con él, Northup pasa de encontrarse con un amo benévolo al trabajo forzado en otra plantación) y los argumentos para conseguir su libertad son tan distintos como contradictorios.

"Disparar a esclavistas y terratenientes blancos, hacer volar con dinamita a miembros del Ku Klux Klan o asesinar a sus antiguos amos es algo que en la moral de Django está plenamente justificado".


Django mantiene una profunda esperanza en conseguir su libertad para encontrarse con su esposa, Broomhilda, y liberarla. Ese es el motor que impulsa cada una de las acciones del personaje en su aprendizaje como cazarrecompensas, que, por supuesto, nunca resulta en un dilema ético porque lleva consigo las marcas del racismo y la consciencia de clase que ejercieron sus amos y captores contra él. Disparar a esclavistas y terratenientes blancos, hacer volar con dinamita a miembros del Ku Klux Klan o asesinar a sus antiguos amos es algo que en su moral está plenamente justificado.



"Probablemente Will Smith tenía razón al rechazar el guión que en primera instancia le ofreció Tarantino para hacer el papel de Django, excusando que él 'tenía en mente contar la mayor historia de amor entre afroamericanos jamás vista, no de venganza'".



En contraste, el pasado como hombre libre (uno de los pocos afroamericanos afortunados de serlo) de Northup y sus valores responden a los de la "sociedad civil" de entonces, porque aun antes de ser esclavo, ejercía el oficio de carpintero y era parte de la dinámica social de la época en los Estados Unidos. A pesar de que ambos entienden el esclavismo como algo deleznable, la subyugación y el trabajo forzado no está del todo mal para Northup, quien mantiene una buena relación con su primer amo, que lo premia por su inteligencia e incluso le permite opinar con respecto a la optimización de la producción en sus plantíos. El protagonista de "12 Years A Slave" entiende de forma implícita que existe un orden necesario en la sociedad y que él, sea en su condición de esclavo u hombre libre, ocupa la parte más baja del peldaño que dominan los amos y terratenientes. De ahí que su mejor argumento para ser puesto en la libertad sea el reconocimiento de la misma sociedad de su status como hombre libre. A pesar de compartir por doce años la vida de los demás esclavos negros en el plantío, de ser testigo directo de los maltratos a Patsey y tratar de curarla después de azotarla, Northup reconoce que él no pertenece a ese tipo de negros, sino a otra categoría de su misma raza. 



Al final, tanto Django como Northup encuentran su libertad después del sinfín de vicisitudes por las que deben pasar, pero ambos caminos tienen tan poco en común, que apenas se entrelazan por su condición pasada. Mientras Northup es cuestionado por el sheriff para probar que no es un esclavo y regresa aliviado a su vida normal, obviando el infierno que conoció en los plantíos y al que sus iguales se enfrentan todos los días, Django vuelve a la plantación de Candyland después de ser vendido como esclavo y defraudar a sus nuevos dueños con la mira puesta no sólo en el rescate de Broomhilda, sino en una sanguinaria venganza que no sólo representa su acción y vivencia personal, también encarna el odio racial y el peso de siglos de historia de subyugación y esclavitud. 

En el resultado artístico y crítico, el romanticismo de la historia del músico y carpintero nunca se podrá comparar al sucio western de "Django", al menos no en la escala de valores de una sociedad que a diario navega orgullosa con la bandera de la tolerancia, del multiculturalismo y la igualdad, aunque sólo sea discursivamente. Probablemente Will Smith tenía razón al rechazar el guión que en primera instancia le ofreció Tarantino para hacer el papel de Django, excusando que él "tenía en mente contar la mayor historia de amor entre afroamericanos jamás vista, no de venganza".



Lo que Smith no comprendió, y los miembros de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos y la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood (responsables de los Óscares y Globos de Oro respectivamente, donde la historia de Salomon Northup se alzó con los laureles más importantes) captaron a la perfección, es que la historia del racismo y clasismo que presentan ambas películas, no es la noble Verona de los Capuleto y Montesco, sino la historia de segregación y dominación de clase con la que se forjó el origen de los Estados Unidos.


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