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CIENCIA

Nueva Zelanda se convirtió en el primer país en prohibir el uso y venta de mallas vaginales

Reino Unido y Australia sólo habían aplicado algunas restricciones en su uso sin prohibirlas por completo.

Tras el parto, muchas mujeres presentan un grado de estrés distinto en el cuerpo, el cual debilita, de alguna manera, las estructuras naturales de soporte del suelo pélvico. Esto, con el tiempo, afecta la posibilidad de llevar una vida activa e incluso de mantener una vida sexual.

 

Las mallas vaginales son utilizadas para corregir los problemas relacionados con el prolapso de órganos pélvicos. Su uso provocó polémica alrededor del mundo, especialmente en el Reino Unido, en donde una gran cantidad de pacientes se quejaron amargamente de dolores fuertes y constantes en el abdomen y también en la vagina.

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Aunque en el mundo se siguen fabricando, vendiendo y utilizando, Nueva Zelanda se convirtió en el primer país en prohibir su venta y uso, al menos de aquí a que los fabricantes y científicos garanticen la seguridad de las mujeres que las utilizan.

 Muchas mujeres indicaron que tuvieron problemas después de usar estas mallas. (Foto: BCV Lex)

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A través de una solicitud que el Ministerio de Salud del país hizo a los proveedores y principales fabricantes de las mallas vaginales, se dio a conocer que quedaba prohibido comercializar sus productos a partir del próximo mes de enero. Estos no pueden salir a la venta hasta que no prueben que otorgan seguridad a cada una de las pacientes que utilizan este tipo de mallas para mejorar su vida después del parto.

 

«Somos cautelosos sobre el uso de la palabra “prohibición”», indicó el portavoz del Ministerio de Salud, Stewart Jessamine a una estación de radio local, «pero efectivamente las compañías están acordando no vender estos productos en Nueva Zelanda desde el 4 de enero próximo».

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 Hasta que no se demuestre su seguridad, no podrán venderse o usarse en Nueva Zelanda. (Foto: El Español)

La prohibición llama la atención porque, por ejemplo, en Australia y en Reino Unido, se habían recomendado algunas restricciones en cuanto al uso de las mallas vaginales, sin embargo, no se había solicitado a los fabricantes no venderlos ni fabricarlos hasta comprobar su seguridad.

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Muchos médicos alzaron la voz al conocerse la prohibición. Giovanni Losco, portavoz de la Urological Society de Nueva Zelanda y Australia, indicó al diario británico The Guardian que restringir o cancelar el uso de estos productos «dejará a las mujeres sin opciones quirúrgicas efectivas para esas condiciones debilitantes» después del embarazo.

 

Otros más indican que lo que deberían hacer los médicos y los científicos es reconocer las fallas importantes que tienen las mallas vaginales, trabajar en ellas y actuar para abordar el tema. Con eso provocarían que las prohibiciones absolutas dejaran de existir y así beneficiar a más mujeres en el mundo.

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