Una oleada de 12 falsas amenazas de bomba puso en alerta a media Europa este jueves 5 de noviembre: al menos 25 vuelos comerciales fueron desviados, inspeccionados o escoltados por cazas militares en países como España, Bulgaria, Italia, República Checa y Polonia. Las aerolíneas afectadas incluyen Ryanair, Aer Lingus, Finnair y Wizz Air. Tras las revisiones, no se encontraron explosivos y todos los pasajeros aterrizaron sin heridos, pero la escala del incidente —y el hecho de que ya había ocurrido algo similar el martes— tiene a las autoridades buscando al responsable.
Cazas militares, correos amenazantes y aterrizajes de emergencia
El incidente más documentado hasta ahora ocurrió en Bulgaria, donde la Fuerza Aérea confirmó que sus aviones de combate escoltaron tres vuelos de Ryanair con origen en Copenhague, Madrid y Londres-Stansted, todos con destino a Sofía. Los primeros dos aterrizaron en el aeropuerto previsto; el tercero fue desviado a Plovdiv, la segunda ciudad más grande del país, mientras los equipos de seguridad revisaban la aeronave.
En España, la Guardia Civil recibió tres amenazas de bomba por correo electrónico en menos de 20 minutos, a partir de aproximadamente las 9:00 horas locales. La rapidez con la que llegaron los avisos —casi simultáneos, desde distintos remitentes o cuentas— es una de las razones por las que las autoridades sospechan que se trata de una campaña coordinada y no de llamadas aisladas de broma. Las revisiones exhaustivas en todos los vuelos no arrojaron hallazgos de explosivos.
Lo que complica el panorama es que esto ya había pasado. El martes de la misma semana, unos 10 vuelos en Europa recibieron amenazas similares que también resultaron falsas pero que movilizaron a equipos de seguridad en varios aeropuertos del continente. Dos oleadas en menos de 48 horas, con el mismo modus operandi, apuntan a un patrón deliberado.
Quién está detrás y qué sigue
Por ahora, ninguna autoridad europea ha identificado a un responsable ni a un grupo que haya reclamado las amenazas. Las investigaciones están abiertas en al menos cinco países, con la presión adicional de que el volumen de vuelos comerciales afectados en tan poco tiempo representa un desafío logístico y de inteligencia significativo.
Para los pasajeros que viajaron ese día, las consecuencias fueron reales aunque no letales: horas de retraso, cambios de aeropuerto sin previo aviso y la tensión de ver a sus aviones escoltados por militares sin entender del todo qué estaba pasando. Las aerolíneas Ryanair, Finnair, Aer Lingus y Wizz Air —todas de bajo costo o con rutas masivas de bajo perfil— siguen siendo los blancos preferidos de estas alertas, lo que sugiere que el o los autores eligen vuelos con alta densidad de pasajeros para maximizar el caos. Mientras las autoridades no den con el origen, el protocolo seguirá siendo el mismo: escoltar, desviar, revisar y, de no encontrar nada, dejar continuar el vuelo.
