Claudia Sheinbaum Pardo respaldó públicamente la apertura económica de Cuba y confirmó que empresas mexicanas tienen luz verde para invertir en la isla. El anuncio llega en un momento en que Cuba atraviesa una de sus peores crisis energéticas y de desabasto en años recientes, con apagones de hasta 20 horas diarias reportados en 2024. La declaración de la presidenta no es solo un gesto diplomático: tiene implicaciones económicas concretas para el sector privado mexicano y reafirma la postura histórica de México de mantener relaciones con La Habana sin condiciones políticas.
“Es importante reconocer esto que está haciendo el gobierno de Cuba junto con su pueblo”, celebró la presidenta Sheinbaum durante la conferencia Mañanera del 19 de junio de 2026.

Qué dijo Sheinbaum sobre Cuba y la inversión mexicana
La presidenta mexicana reconoció el proceso de apertura económica que lleva adelante el gobierno cubano y señaló que eso representa una oportunidad directa para empresas de México. No precisó sectores específicos ni montos de inversión estimados, pero el mensaje fue claro: México ve a Cuba como un destino viable para capital privado mexicano.
“Es un cambio importante, una decisión que toman las y los cubanos de abrir su economía. Están haciéndolo para la inversión”, puntualizó Sheinbaum Pardo.
La postura de Sheinbaum sigue la línea de su antecesor, Andrés Manuel López Obrador, quien también mantuvo una relación cálida con el gobierno de Miguel Díaz-Canel y se opuso sistemáticamente a sanciones internacionales contra la isla. México es, históricamente, uno de los pocos países latinoamericanos que nunca rompió relaciones diplomáticas con Cuba desde la Revolución de 1959. Para Sheinbaum, sostener esa postura frente a la presión de Washington tiene un costo político que ella parece dispuesta a asumir, al menos en público.
Para aquellos inversionistas mexicanos que a partir de esta apertura de la economía cubana, estén interesados en invertir en la isla, la mandataría les recomendó acudir ante la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para recibir la orientación adecuada.
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Cuba en 2025: apertura real o narrativa oficial
El contexto importa. Cuba lleva años en una espiral económica severa: escasez de combustible, apagones prolongados, fuga de población hacia Estados Unidos y una inflación que destruyó el poder adquisitivo de los cubanos de a pie. La llamada ‘apertura económica’ que Sheinbaum reconoció incluye medidas como la autorización de pequeñas y medianas empresas privadas y mayor permisividad para inversión extranjera — cambios reales en papel, pero que chocan con una infraestructura deteriorada y un sistema político que no ha cambiado.
Para las empresas mexicanas, el atractivo podría estar en sectores como turismo, energía y construcción en Cuba, donde la demanda acumulada es enorme pero los riesgos regulatorios y de repatriación de ganancias siguen siendo altos. Varios empresarios mexicanos ya tienen presencia en la isla desde los años noventa, cuando Cuba abrió parcialmente al turismo internacional. Lo que Sheinbaum agrega es respaldo oficial explícito, lo que reduce — al menos simbólicamente — la incertidumbre política para nuevos actores.

El cálculo de México en su relación con La Habana
La declaración de Sheinbaum no ocurre en el vacío. Estados Unidos mantiene el embargo económico sobre Cuba y ha presionado históricamente a aliados regionales para aislar a la isla. México, bajo los gobiernos del PRI, el PAN y ahora Morena, ha ignorado esa presión con distintos matices — pero la ha ignorado. El respaldo explícito a la apertura cubana en plena era Trump, con Washington endureciendo posiciones en toda América Latina, es una señal geopolítica que va más allá de las inversiones.
El riesgo real para las empresas que decidan entrar es la opacidad jurídica: Cuba no tiene un sistema de resolución de disputas independiente, y los contratos con el Estado cubano han derivado en conflictos prolongados para compañías de España, Canadá y otros países. Que Sheinbaum abra la puerta no significa que el camino esté libre de obstáculos — significa que México está dispuesto a apostar por la relación bilateral aunque el retorno sea incierto.
