El 11 de mayo de 2023, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un anuncio que parecía definitivo: la viruela del mono, oficialmente llamada mpox desde noviembre de 2022, dejaba de ser una emergencia sanitaria internacional. Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, lo comunicó en rueda de prensa después de que el comité de emergencia analizara la situación. Los números parecían respaldar la decisión: 87 mil personas infectadas en 111 países, 140 muertes registradas, y lo más importante, un descenso del 90 por ciento en casos durante los tres meses anteriores.
Pero la levantada de la alerta máxima no significaba lo que muchos creyeron. Tedros fue claro al respecto: “Me complace declarar que la mpox ya no es una emergencia internacional, pero como ocurre con la covid-19, eso no significa que haya dejado de ser un desafío para la salud pública”.
De emergencia a vigilancia: el cambio de estatus
Para entender qué implicó esta decisión, es necesario aclarar qué significa que algo deje de ser una “emergencia de salud pública de importancia internacional” (ESPII). No es que el virus haya desaparecido ni que el riesgo sea cero. Es, más bien, un cambio en el nivel de atención global que requiere.
Cuando la OMS declara una ESPII, moviliza recursos extraordinarios: coordinación internacional intensiva, financiamiento prioritario, alertas permanentes a sistemas de salud. Cuando levanta esa declaración, significa que los mecanismos de control han funcionado lo suficiente como para que la enfermedad pueda ser gestionada dentro de los protocolos normales de vigilancia epidemiológica. El virus sigue circulando. Los países siguen monitoreando. Pero ya no es el nivel de crisis que fue en 2022.
Este cambio llegó apenas seis días después de que la OMS hiciera lo mismo con la covid-19, en el mismo mayo de 2023. Ambas decisiones reflejaban una tendencia similar: descenso de casos, mejora en la capacidad de respuesta, y la necesidad de permitir que los sistemas de salud globales se reenfocaran en otras prioridades. En ese momento, la única enfermedad que mantenía el estatus máximo de emergencia internacional era la polio.
Quién sigue en riesgo: las poblaciones vulnerables
Pero aquí está el punto crítico que la mayoría de medios no enfatizó lo suficiente: el fin de la emergencia no significaba que ciertos grupos dejaran de estar en peligro. Tedros fue específico al señalar que el virus “aún afecta a comunidades de todas las regiones, incluida África, donde la enfermedad es endémica”.
Los portadores del VIH fueron mencionados explícitamente como población de riesgo. Esto no era un detalle menor. Durante el brote de 2022-2023, las personas con sistemas inmunológicos comprometidos, incluyendo aquellas con VIH avanzado, experimentaron infecciones más severas, recuperación más lenta, y mayor riesgo de complicaciones. Algunos estudios posteriores documentaron que en ciertos contextos, la tasa de mortalidad entre personas con VIH y mpox era significativamente más alta que en la población general.
Nicola Low, vicepresidenta del comité de emergencia de la OMS para mpox, recordó en la misma rueda de prensa que el brote había comenzado hace un año en Reino Unido, con picos de infección en julio y agosto de 2022. Eso significaba que, en mayo de 2023, la curva epidemiológica había completado un ciclo completo: subida rápida, meseta, descenso sostenido. Los datos justificaban la decisión, pero no eliminaban la vigilancia necesaria.
La amenaza que persiste en la movilidad global
Uno de los puntos que Tedros enfatizó fue que los contagios seguían ocurriendo entre personas que viajaban internacionalmente. Esto era relevante porque mostraba que, aunque la transmisión comunitaria había disminuido dramáticamente en la mayoría de países, la enfermedad seguía siendo capaz de saltar fronteras. El virus no se había vuelto menos transmisible; simplemente, las medidas de control, la conciencia pública, y la accesibilidad a diagnóstico y aislamiento habían mejorado significativamente.
Por eso la OMS, al levantar la emergencia, hizo un llamado específico a los sistemas de salud nacionales: mantener las capacidades de rastreo, diagnóstico rápido, y respuesta ágil. No era una invitación a bajar la guardia, sino a integrar la vigilancia de mpox dentro de los sistemas de salud pública normales, con la misma seriedad que se da a otras enfermedades infecciosas emergentes.
Lo que aprendimos sobre emergencias sanitarias
La declaración de mayo de 2023 fue un momento educativo para la salud pública global. Mostró que una emergencia internacional no es un interruptor de encendido/apagado, sino un estado de alerta que debe calibrarse según la realidad epidemiológica. También evidenció que el fin formal de una emergencia es, paradójicamente, el comienzo de una vigilancia más sostenida y menos visible.
La mpox continuó circulando después de mayo de 2023, especialmente en África, donde la enfermedad es endémica y donde, en 2024, surgieron nuevas variantes que generaron preocupación renovada. Pero esa es otra historia: la de cómo una enfermedad que dejó de ser emergencia internacional nunca dejó de ser un reto real para la salud pública.
